¿CÓMO ENSEÑAR A LEER Y A ESCRIBIR SIGNIFICATIVAMENTE?

Publicado por Hugo Ruiz en

Muchos profesores coinciden en que la clave en la enseñanza de la lengua radica en la velocidad con la que el niño comprenda el principio alfabético, por eso promueven actividades de copia, planas y lecturas de sílabas inconexas entre sus alumnos con el fin de llegar a él lo más rápido posible, a pesar de lo lastimoso que pueda resultar este proceso para el estudiante.

En pleno siglo XXI, aún se enseña a leer y a escribir utilizando los mismos métodos y castigos intelectuales de la edad media.  Actualmente, compartimos una época en la que la innovación tecnológica y el conocimiento libre se erigen como las principales banderas. Esto nos plantea sin duda una gran pregunta ¿Cómo deberíamos los docentes enseñar a leer y a escribir en el sigo XXI?

Para ello, debemos esclarecer primero, ¿Qué significa leer de verdad en el mundo de hoy?, leer va más allá de decodificar un mensaje, traducir un símbolo en un sonido no representa el acto de leer, pero sí convertir las grafías en un mensaje que podamos asimilar y que nos permita seguir aprendiendo. Leer de verdad se asocia poderosamente con el concepto de “Alfabetización”.

La palabra “Alfabetización” se utiliza en sentido amplio, para hacer referencia a las habilidades lingüísticas y cognitivas necesarias para el ingreso, la apropiación y recreación de la cultura escrita que la humanidad ha producido a lo largo de su historia.

Estar alfabetizado significa algo más que apropiarse de la lectura y de la escritura, significa utilizar el lenguaje como una herramienta para comunicarse y aprender de manera permanente. La complejidad de la escritura hace necesaria una enseñanza que requiere orden y coherencia, que parta del contexto del alumno y recupere sus características culturales.

Durante su alfabetización inicial los alumnos deberían adquirir la noción de que la escritura forma parte del lenguaje, y que nos permite comunicarnos a través de la representación de ideas. Esto es, que los alumnos claramente deben comprender que lo que decimos oralmente también se puede comunicar de manera escrita, y que una vez estando escrito el mensaje podemos volver a él las veces que queramos.

Por eso, es tan importante que los niños interactúen en situaciones comunicativas reales que resalten la función social del lenguaje, por ejemplo: al elaborar una lista de compras o de actividades en una agenda, escribir un e-mail o compartir la lectura de un cuento con el docente, el simple hecho de acudir con los niños a la biblioteca genera en ellos un interés genuino por el lenguaje escrito.

Ni la lectura, la escritura, ni el habla misma se aprenden por el simple hecho de que alguien las transmita, prueba de ello es que si a cualquier individuo le obligaran a memorizar una serie de palabras que tiene que decir durante sus primeros años de vida jamás aprendería el habla. Es por ello por lo que resulta fundamental incentivar en los niños, la curiosidad y el deseo por aprender a leer y a escribir.

Como docentes es importante retomar el sentido de lo que estamos enseñando. Un niño que ha escuchado un cuento que le ha gusto indefectiblemente tratará de leerlo.  Por lo que el docente deberá realizar el diseño de situaciones didácticas significativas, interesantes que incluyan textos literarios atractivos que despierten la curiosidad e interés en el alumno por aprender a leer y a escribir.  Por el contrario, un niño que no encuentra sentido en lo que lee y escribe, se encuentra en riesgo de perder completamente el interés por alfabetizarse.

Aunque los niños no sepan leer y escribir aun convencionalmente, al estar frente a frente con textos literarios que les resulten placenteros se estarán iniciando en su proceso de alfabetización, al descubrir el gusto de leer y releer un cuento, o al investigar las características de un animal en una enciclopedia, se estarán generando los cimientos de un proceso alfabetizador que marcará toda su vida.

Durante los primeros grados de educación primaria, los niños deberían adquirir conocimientos sobre el sistema de escritura. Y esto se refiere no solamente a conocer el nombre y la forma de las letras, sin duda implica que los alumnos comprendan que todo lo que decimos tiene una representación escrita, y más aún, que establezcan que a cada letra existente en nuestro lenguaje le corresponde un sonido, es decir el principio alfabético de nuestro sistema de escritura.

En diversas escuelas alrededor del mundo, persiste la creencia de que se aprende a leer y a escribir iniciando primero por las vocales y posteriormente repasando las demás letras, basada en la rústica idea de que hay letras más fáciles que otras. Diversos estudios en los últimos años han demostrado, que los métodos de la enseñanza de la lectura y la escritura basados en el principio anterior son poco o nada significativos para el alumno y generar aprendizajes fragmentarios, forzados y memorísticos en el niño, quien corre el peligro de olvidar rápidamente lo que ha aprendido de esta manera.

La escritura de las palabras y sus letras debe surgir de una necesidad real para generar aprendizajes significativos y duraderos en nuestros alumnos. Es más fácil escribir “Te amo” que “sa, se, si, so, su”. Así de contundente es la diferencia entre enseñar a leer y a escribir significativamente, retomando la función social del lenguaje o hacerlo retomando únicamente su función instrumental.

El maestro debe disponer de diversas estrategias para la enseñanza de la escritura y la lectura, a continuación, presentamos algunas de las más convenientes que hemos retomado del libro “Primero de Lengua” (CFCE, 2006):

  • Familiarización de los chicos con rimas infantiles y juegos de palabras que promuevan la conciencia lingüística y, por ende, concentren la atención en los sonidos del lenguaje.
  • Invitación permanente a los alumnos para que escriban de forma espontánea y “como saben”, aun cuando sus escrituras no sean convencionales. Las clases en las que se los provee de oportunidades regulares para expresarse a través de la escritura, sin sentirse constreñidos hacía una escritura correcta y una caligrafía apropiada, también los ayuda a entender que vale la pena aprender a escribir. A partir del aliento del docente, comienzan a darles nombres a sus dibujos y a intentar escribir historias a partir de ellos. Estas actividades iniciales les demuestran que la escritura no sólo es el trazado de signos: están usando sus propias palabras para componer un mensaje, para comunicarse con otros. No obstante, esto supone el acompañamiento estrecho y permanente del docente para ayudarlos a escribir de forma convencional, proporcionándoles modelos, ejemplos, lecturas y orientaciones.  Paralelamente, les enseña a leer y a escribir palabras mediante señalamientos explícitos sobre las relaciones entre los sonidos y las letras. De esta manera, se acrecienta, el entusiasmo de los chicos por aprender (porque no se los corrige a cada rato), pero también se promueve la reflexión sobre la escritura convencional (para que puedan hacerlo cada vez mejor).
  • Una enseñanza explícita de lectura y escritura de palabras, de manera que los niños desarrollen conciencia léxica (acerca de las palabras), fonológica (acerca de los sonidos) y gráfica (que incluya la puesta en página, la ortografía y el reconocimiento y trazado de distintos tipos de letras). Conviene distinguir entre las letras minúsculas y mayúsculas, al diferenciarlas el niño podrá descubrir, por ejemplo, que las mayúsculas se utilizan en nombres propios, además de que letras minúsculas son más diferenciables entre sí que las mayúsculas.
  • Es fundamental, que desde el principio, los chicos participen en situaciones de escritura de textos, aunque todavía no pueden hacerlo de manera convencional y autónoma. En estos casos, el docente puede escribir lo que los niños le dictan.  Por otra parte, pueden promoverse situaciones de escritura colectiva en pequeños grupos conformados por niños que tengan conocimientos diversos sobre el sistema de escritura y sobre el texto. Cuando le dictan, el docente puede pedirles a sus alumnos que lo hagan lentamente. Sin perder la coherencia del texto, el docente escribe al ritmo del dictado. Así, les demuestra naturalmente cómo se relacionan el texto escrito con el oral y los grafemas con los fonemas. Asimismo, cuando escribe lo que le dictan o cuando alienta a los chicos a escribir en pequeños grupos o solos, promueve la reflexión sobre distintos aspectos: la direccionalidad de la escritura (de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo) y el trazado de las letras; la relación entre sonidos y letras; le relación entre la lengua oral y la lengua escrita , remarcando, por ejemplo, la necesidad de separar las palabras al escribir ; los rasgos propios de la escritura (uso de los puntos, de los signos de interrogación y exclamación); los distintos tipos de letras y su relación con diferentes portadores (carteles y rótulos, entre otros).

Al implementar estas situaciones, se despliega una amplia exposición de la palabra escrita y del desarrollo de saberes a cerca de su forma y su función, a la vez que se alienta la interactividad en lugar de pedirles a los chicos que trabajen totalmente solos.

Referencias bibliográficas.

CFCE (2006) Primero de lengua. Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Argentina.


Hugo Ruiz

Especialista en temas educativos.

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